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lunes, 20 de agosto de 2012

Ha nacido una estrella

La mejor de las tres versiones existentes de esta emblemática historia, una de las más certeras miradas a las tristezas y miserias que esconde la Meca del cine y uno de los pocos remakes fílmicos que han logrado superar al original. La fuerza, emoción y tristeza de esta historia corren por cuenta de dos grandes estrellas que aquí alcanzan uno de los puntos más altos de sus magníficas carreras: el regreso a la pantalla de una notable Judy Garland en un personaje que puso a prueba sus capacidades histriónicas -y salió más que airosa, salvo leves atisbos de sobreactuación en los momentos que exigen el llanto- y en lo musical demostró su madurez vocal e interpretativa, y sobre todo un inmenso James Mason en un rol lleno de melancolía y autodestrucción, que se gana la comprensión del público a pesar de sus excesos y la decadencia que exhibe paulatinamente al comprobar que ha llegado al ocaso de su carrera cinematográfica. Lo que Mason logra acá es impresionante, y desmiente de manera tajante el malintencionado lugar común que siempre ha rodeado al realizador de esta “Ha nacido una estrella”, George Cukor: que sólo era un buen director de actrices.
 
Que este largometraje no ganara ninguno de los seis Oscar a los que postuló -incluyendo merecidísimas nominaciones para los dos protagonistas- es una enésima confirmación de lo perdidos que pueden andar los gustos de los miembros de la Academia hollywoodense. La química entre Garland y Mason -bien secundados por la noble presencia de Charles Bickford y el convincente Jack Carson- hace aún más intensa y emotiva la desesperada lucha de una pareja que intenta sobrevivir a las veleidades de Hollywood, y la convierte en una de las historias de amor más conmovedoras de la historia del cine. Magnífica dirección de arte y fotografía, estupendos números musicales en los que Garland brilla a gran altura y derrocha una presencia escénica magnética y arrolladora -¡qué intensidad la que alcanza en su legendaria interpretación de “The man that got away”, un clásico que nació con este filme!-, muy bien incluidos dentro del drama. Hay muchas escenas inolvidables, pero si hubiera que escoger una, será difícil de borrar de la memoria toda esa secuencia en Malibú, cuando Garland volverá a cantar “It’s a new world”… Allí ella, Mason y Cukor nos confirman que esta película es irrepetible.

Drama musical realizado por George Cukor (1899-1983) (“My Fair Lady”, 1964). El guión, de Moss Hart, se basa en el libreto de la película del mismo título que dirige William A. Wellman en 1937, escrito por Alan Campbell y Dorothy Parker, que adapta una historia de Adele Rodgers St. John. Se rueda en escenarios reales de NY (Times Square, Pennsylvania Station…), L.A. (Cocoanut Grove Nightclub, Baldwin Hills…), Hollywood (Gaumon’s Chinose Theater), Beverly Hills (Iglesia del Buen Pastor), Arcadia (Santa Anita Park and Racetrack) y en los platós de Warner Studios (Burbank, L.A., CA) con un presupuesto de 5 M USD. Producido por Sydney Luft para la Warner, se proyecta por primera vez en público el 29-IX-1954 (L.A., CA).

La acción dramática tiene lugar en Hollywood, L.A., San Bernardino (San Berno), costa de Malibú y otros lugares de CA. Los personajes principales son Esther Blodgett/Vicki Lester (Garland), joven cantante de un grupo instrumental que trabaja en galas benéficas y en una sala de fiestas poco frecuentada. Lidera el grupo Danny McGuire (Norman), arreglista y pianista, amigo de Esther, a la que apoya en los momentos difíciles. Norman Maine (Mason), famoso actor de cine, atormentado y vulnerable, tiene problemas con el alcohol. Oliver Niles (Bickford), gerente de una compañía productora de cine (estudio), vive desbordado por la carga de trabajo que soporta y arrastra un estrés casi crónico. Es comprensivo y siente predilección por las actrices jóvenes. Matt Lobby (Carson), malhumorado e irascible, es el director de comunicación del estudio de Oliver Niles.

La obra desarrolla un drama romántico. Explica de modo directo y sincero las dimensiones psicológicas del amor de pareja y el alcance del dolor, la desesperación y las renuncias que impone a veces. Lo hace con sutileza y una admirable elegancia, que aleja la historia de sentimentalismos fáciles, evita concesiones a la mediocridad y a la cursilería y huye de exageraciones innecesarias. Contempla los hechos desde un punto de vista situado siempre a una distancia prudencial de los acontecimientos. Estos fluyen con contención y, sobre todo, de acuerdo con las pautas de un realismo clasicista que aúna sensibilidad, credibilidad y verosimilitud. Por lo demás, de la mano de Cukor el espectador se ve enfrentado a una interesantísima visión crítica del complejo mundo de Hollywood.


La película muestra algunas de las debilidades que se ocultan tras el esplendor y el glamour de la Meca del cine. Ni los actores y actrices están exentos de los caprichos del éxito y la fama, ni los productores nadan en la abundancia, ni siempre se hacen las cosas con diligencia y empeño, ni la felicidad está presente en todos los rincones de la ciudad. Abundan los casos de alcoholismo, las aspirantes a actriz dispuestas a venderse, los profesionales mediocres, los problemas económicos de los estudios pequeños y grandes


TÍTULO ORIGINAL A Star is Born
AÑO 1954




DIRECTOR George Cukor
GUIÓN Remake: Moss Hart
MÚSICA Harold Arlen (Canciones: Gershwin & varios)
FOTOGRAFÍA Sam Leavitt
REPARTO Judy Garland, James Mason, Jack Carson, Charles Bickford, Tommy Noonan, Lucy Marlow, Amanda Blake, Irving Bacon, Hazel Shermet
PRODUCTORA Warner Bros
PREMIOS 1954: 6 nominaciones al Oscar, incluyendo actor (Mason), actriz (Garland), direcc. artíst. color


SINOPSIS Norman Maine, un famoso actor adicto al alcohol, descubre a Esther, una joven con un gran talento para la canción y decide impulsar su carrera cinematográfica. Ella consigue la fama y, a los pocos meses, la pareja contrae matrimonio. Pero, a medida que el éxito de Esther aumenta, decae el de Norman, y esta situación lo empuja a la autodestrucción.

sábado, 14 de julio de 2012

Un americano en París



Joya del cine musical norteamericano, la película no sólo es una inspirada declaración de amor a la ciudad de la luz o el romance entre un pintor y una dependienta de perfumería...

Gracias a Vincent Minelli y las espléndidas coreografías y dirección artística de la película, junto con un Gene Kelly pletórico de facultades(como siempre) es la expresión más pura y vitalista del mundo de color , belleza y fantasía que alguna vez ha estado en la mente de un creador. Es un delicioso homenaje al arte y al amor mediente la danza. Who could ask for anything more?

El director americano Vicente Minelli, se hizo famoso por sus musicales, en los que consiguió un raro equilibrio entre el tono frívolo propio del género y toques más enjundiosos, que trascendían de la con frecuencia elementalidad del musical.

En "Un americano en París", un pintor yanqui, establecido permanentemente en la llamada Cuidad de la Luz, es cortejado por una crítica de arte. Pero cuando conoce a una muchacha indígena (no es que fuera india, es que era de Paris), las cosas cambian. Además de la espléndida coreografía y los bailes de Gene Kelly y Leslie Caron, lo mejor de esta excelente película es su colorido, libremente inspirado en la obra de Toulouse- Lautrec. también la magnífica música de George Gershwin juega un papel fundamental en esta fantasía romántica que desremboca en una orgía de color y danza, de velos, de humo y luz, una reivindicación, categórica aunque evanescente, de la irrealidad como una de las cosas que hacen llevadera la vida. La película obtuvo siete merecidos Oscar.

Es difícil enfrentarse a un musical de los 50 en tiempos de kitsch, precareidad de lo tradicional, ruptura acelerada.

Divertido musical no carente de ideología política (americanos en Francia que son vistos como artistas genuinos). cuya imagen resulta hoy pomposa y llega a empalagar, con unos escenarios demasiado exornados de colorido, tanto en vestuarios como en luces y maquetas, y casi siempre con fondos nebulosos, y un ambiente fantasioso de cine cincuentero, cuyo medio de expresión más potente es el color, (que por fin se hizo asequible en el cine).

Destaca la coreografía final de gran labor escenográfica. Vincente Minnelli es un director muy competente.

En cuanto a la parte técnica, no faltan los efectos rápidos de cámara, invertidos de secuencia, recortes, o multiexposiciones de un mismo personaje en pantalla, siempre con fines humorísticos. 

Se resienten algunos desenfoques a los personajes, o esa continua desincronización del sonido de las zapatillas con el movimiento de éstas, o esos graciosos actores secundarios que sobreactúan con risillas falsas mientras contemplan los momentos musicales en plena calle y saludan con la mano por inercia a los protagonistas cuando terminan sus bailes y se van del escenario.

Gene Kelly y Leslie Caron tienen un dominio completo del cuerpo, y Oscar Levant, el pianista, es sin duda el actor más carismático de la película; me encanta.

Una entretenida película de los 50 cuyo argumento no es sino una excusa para bailar (como no podía ser de otra forma). No cabe en nuestros días, los tiempos han cambiado demasiado, pero resulta interesante para entender la época y apreciar el cine. 

Es el baile espectacularizado e idealizado como catarsis amorosa de los personajes.

Tanto Kelly como Minnelli plantearon rodar en Francia, hasta que la Metro hizo los cálculos económicos. Imposible. Se construyeron 44 decorados diferentes en Hollywood y sólo dos tomas se rodaron en París: en ninguna de ellas aparecía Gene Kelly.

Leslie Caron está bien; su presentación multifacética desborda de imaginación, encanto y, en cierto modo, sex-appeal.

Pero Leslie Caron no es la chica.

En la primera secuencia en que aparece Jerry Mulligan, observad cómo la verdadera chica sonríe al verle bostezar, recoger el periódico, guardar la cama, sacar el desayuno… Cómo corta y se acerca hasta su espalda para contemplar, desde su hombro, el dibujo de su amado. Y cómo lo retrata, ella a él.

En la secuencia mágica en que Jerry canta y danza con su amigo Cook… Observad cómo se miran. ¿Los amigos? No, la chica y Jerry. Ella lo espera, lo encuadra, se deja llevar por su frescura. Están enamorados. Adam Cook es sólo una comparsa o carabina. En esa diminuta habitación, ella y él son las estrellas. Y cómo bailan.

Detrás de ella está Minnelli, hablándole al oído: muévete así, corta, aguanta el plano, acércate a tu chico, para, síguelo, ahora dale espacio.



TÍTULO ORIGINAL An American in Paris
AÑO 1951




DIRECTOR Vincente Minnelli
GUIÓN Alan Jay Lerner
MÚSICA George Gershwin
FOTOGRAFÍA Alfred Gilks
REPARTO Gene Kelly, Leslie Caron, Oscar Levant, Georges Guétary, Nina Foch, Ernie Flatt, Alex Romero, Dickie Humphreys, Charles Mauu
PRODUCTORA MGM. Producer: Arthur Freed
PREMIOS 1951: 6 Oscars: Película, argumento, guión, música, direcc. artíst., vestuario color
1951: Globo de Oro: Mejor película: Comedia o Musical
1952: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película)


SINOPSIS Terminada la Segunda Guerra Mundial, Jerry Mulligan (Gene Kelly), un pintor americano, se queda en París y expone sus cuadros, que nadie compra, en Montparnasse. Un día tiene la suerte de conocer a una americana millonaria que decide promocionarlo. Al mismo tiempo, conoce a una dependienta y se enamora de ella.
CRÍTICAS ----------------------------------------
Obra maestra del cine, un gozoso y colorista musical con un Gene Kelly maravilloso. Advertencia: ver "Un americano en París" transmite ganas de bailar... y de vivir. 
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