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sábado, 21 de julio de 2012

Días sin huella

Wilder en esta ocasión, nos presenta un tormentoso laberinto sin salida a través de la serpenteante y angustiosa existencia de Don Birnam, un fracasado escritor siempre al amparo de la misericordia de su hermano Wick.

La historia de un pobre diablo de 33 años sin oficio ni beneficio que canaliza sus frustaciones por medio de una botella.

Es la historia de un fin de semana perdido, donde Don condena definitivamente su alma al amargo licor, ese líquido que le hace sentirse como el efecto del lastre arrojado de un globo aerostático, encima del mundo.

No necesita escribir siquiera una línea para explicarnos su novela autobiográfica, la definitiva, aquella que ya tiene nombre: La Botella.
Un día conoció a una chica llamada Helen durante una velada en la ópera. Ambos intercambiaron abrigos como principio y fin de una historia.

Como la más perfecta y armónica de las figuras geométricas, el círculo, su idilio con el alcohol parece no tener principio ni fin.

Es la historia de un alcohólico anónimo, del alcohólico universal...

Aquel que en mitad de la noche elucubra en delirantes ensoñaciones figuras de minúsculos animales como ratas y murciélagos. Es la historia de Don Birnam narrada con la maestría incontestable y apabullante de un MAESTRO, Billy Wilder.

Han existido muchas películas que trataban el mismo tema, el retrato de esta tremenda enfermedad.

Todas historias cruentas sobre la soledad y la frustación; Días de vino y rosas, Leaving las Vegas, etc.

Ninguna tan sórdida, realista y conmovedora como ésta.

Perfecta sintonía entre cine bien facturado y una historia interesante y magníficamente narrada.

Quizás “Días de vino y rosas” sea el mejor drama que la historia del cine nos ha legado sobre los devastadores efectos del alcohol pero, obviamente, la peli de Wilder no le va a la zaga. Yo casi diría que en algunos aspectos, “Días sin huella” supera, incluso, a su sucesora.

La supera, por ejemplo, en sobriedad. La peli de Edwards es un drama sobrecogedor, pero resulta evidente que se afianza en un contexto familiar (un matrimonio al borde del naufragio) mucho más emotivo y conmovedor que le concede -respecto a la de Wilder- cierta ventaja de cara al espectador. El borrachín de “Días sin huella”, sin embargo, es un vividor. Un escritor frustrado que no ha pegado un palo al agua en toda su vida y que vive en un apartamento de puta madre. Un tío atractivo, culto y locuaz cuyo único tormento procede, en definitiva, del pánico cerval que le suscita la cuartilla en blanco.

Aún así, sin otro pretexto argumental, Wilder es capaz de describirnos un proceso de autodestrucción brutal. Un proceso que llevará a Don (soberbio Ray Milland, por cierto) al delirium tremens. A huir del pabellón de alcohólicos y a arrastrarse por casas de empeños para sacar unos dólares y fundírselos bebiendo. A implorarle una copa más al barman del bar de la esquina o a mendigarle algo de pasta a la fulana de turno para agarrar un buen trancazo.

Y todo ello nos lo cuenta Billy con su maestría habitual. Apuntalando su cine en diálogos cojonudos y secuencias para el recuerdo. De forma clara, directa y sencilla. Sin marear la perdiz ni embadurnarnos en azúcar glass para lograr ese efervescente efectismo dramático tan frecuente en el cine clásico que, lejos de perdurar en el tiempo, suele acabar momificando todo lo que toca.

Dicen que es una obra menor. Pero una obra menor de Wilder no es moco de pavo. 


TÍTULO ORIGINAL The Lost Weekend
AÑO 1945




DIRECTOR Billy Wilder
GUIÓN Charles Brackett & Billy Wilder (Novela: Charles R. Jackson)
MÚSICA Miklós Rózsa
FOTOGRAFÍA John F. Seitz (B&W)
REPARTO Ray Milland, Jane Wyman, Philip Terry, Doris Dowling, Frank Faylen, Howard da Silva, Mary Young, Anita Bolster, Lilian Fontaine, Frank Orth, Audrey Young
PRODUCTORA Paramount Pictures
PREMIOS 1945: 4 Oscars: Mejor película, director, actor (Ray Milland), guión adaptado. 7 nom.
1945: Globos de Oro: Mejor película: Drama
1945: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película
1946: Festival de Cannes: Gran Premio del Festival (Ex-aequo). Mejor actor (Ray Milland)


SINOPSIS Don Birnam (Ray Milland) es un escritor fracasado a causa de su adicción al alcohol, adicción que lo ha destruido física y moralmente y lo ha convertido en un hombre desprovisto de voluntad. Con tal de seguir bebiendo es capaz de todo, incluso de robar. Tanto su novia (Jane Wyman) como su hermano intentan por todos los medios regenerarlo, pero sus esfuerzos parecen estériles.

El apartamento

La sobria puesta en escena habitual de Wilder aquí con momentos de cine en estado puro, de las películas en las que Wilder saca más partido de la imagen (el ruido de la botella de champán, el plano de la desesperada carrera de MacLaine, el espejo roto y la cara aún más rota de Lemmon cuando lo ve...), una fantástica fotografía, el extraordinario ritmo narrativo también habitual en él (demostrando que es mucho mejor director de lo que a veces se le reconoce), unas interpretaciones antológicas de todos, personajes principales y secundarios, y unos diálogos que son dinamita pura («Cuando se sale con un hombre casado, una nunca debe ponerse rimmel») dan cuerpo a esta amarga comedia, la mejor de Wilder y entre las diez mejores películas de todos los tiempos.

Una de las mejores películas de la historia del cine y seguramente una de las campeonas entre esas listas que amenudo hacemos los aficionados al cine acerca de nuestras películas favoritas, seguramente porque consciente o incoscientemente Billy Wilder y I.A.L. Diamond han conseguido que casi 50 años despues de su estreno, esta siga siendo la película de cabecera de mucha gente y haya ayudado a curar más depresiones que muchos psiquiatras y psicólogos juntos, gracias sobre todo a la naturalidad y sencillez de la historia y sus protagonistas combinada inteligentemente con una contundencia y dureza emocional de fondo muy poco común en una película de Hollywood. Un retrato agridulce de dos naufragos de una sociedad hipócrita y cruel, de víctimas y aprovechados, que sufren las consecuencias de la soledad y el desamor, que cuenta con uno de los guiones más perfectos escritos para el cine, con el que ries y lloras a partes iguales...lleno de perlas en cada linea ("cuando una se enamora de un hombre casado no debería ponerse rimmel", juegos de palabras, diálogos, frases y situaciones recurrentes antológicamente enlazadas (como todas la referente al espejo roto olvidado por Fran en el apartamento de Baxter)...además de una esquisita y elegante puesta en escena en B/N y una maravillosa banda sonora del habitual de Wilder, Adolf Deustch.


TÍTULO ORIGINAL The Apartment
AÑO 1960




DIRECTOR Billy Wilder
GUIÓN Billy Wilder, I.A.L. Diamond
MÚSICA Adolph Deutsch
FOTOGRAFÍA Joseph LaShelle (B&W)
REPARTO Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens, Johnny Seven, Joyce Jameson, Willard Waterman, David White
PRODUCTORA United Artists / The Mirisch Corporation
PREMIOS 1960: 5 Oscars: Película, director, guión original, dirección artística, montaje. 10 nomin.
1960: Globo de Oro: Mejor película: Comedia
1960: BAFTA: Mejor película
1960: Festival de Venecia: Mejor actriz (Shirley MacLaine)
1960: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película (ex-aequo)


SINOPSIS C.C. Baxter (Jack Lemmon) es un modesto pero ambicioso empleado de una compañía de seguros de Manhattan. Está soltero y vive solo en un discreto apartamento que presta ocasionalmente a sus superiores para sus citas amorosas. Tiene la esperanza de que estos favores le sirvan para mejorar su posición en la empresa. Pero la situación cambia cuando se enamora de una ascensorista (Shirley MacLaine) que resulta ser la amante de uno de los jefes que usan su apartamento (Fred MacMurray).
CRÍTICAS ----------------------------------------
Lemmon es un tipo simple que presta su apartamento a los jefes para poder ascender en la empresa. MacLaine es una guapa ascensorista liada con el casado mandamás. Dos maravillosos personajes, dos almas bondadosas y solitarias que nos regalan una impagable comedia llena de sutileza corrosiva, sonrisas y ternura. Otra indiscutible obra maestra del inigualable Billy Wilder. 
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"No conozco ninguna película tan romántica, realista, soñadora, triste, mordaz, sensata, cabrona y bonita como ésta." (Carlos Boyero: Diario El País)
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"La obra maestra del genio Wilder" (Javier Ocaña: Cinemanía)
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Wilder, una vez más, en estado de gracia dosificando lo hilarante y lo corrosivo con un Lemmon inconmensurable como gris oficinista que entrega una y otra vez su dignidad en forma de apartamento para que sus jefes lo usen como casa de citas... Claro que Shirley MacLaine bien merece, incluso para el más sumiso, rebelarse contra la tiranía. . 
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sábado, 24 de marzo de 2012

Con faldas y a lo loco

Lemmon y Curtis huyen de la mafia disfrazados de mujer e incorporándose a una banda de música femenina. Allí conocen a la sexy e ingenua Sugar Kane. Así empieza esta imprescindible comedia, una de las más famosas -y mejores- de la historia del cine, con una curvilínea Marilyn en estado de gracia. Wilder arriesga con una historia que, de no haber sido tan genial, hubiera bordeado el ridículo. Nada más lejos de la divertida irrealidad de mujeres musculosas y millonarios simpáticos. Cada escena es mejor que la anterior. Una obra maestra imperecedera cuyo delirante diálogo final pone broche a un film en verdad perfecto.

Año de producción: 1959
País: EE.UU.

Dirección: Billy Wilder

Música: Adolph Deutsch

Fotografía: Charles Lang


Aunque brilló en géneros como el cine negro (Perdición), y el drama (El crepúsculo de los dioses), el cineasta austriaco Billy Wilder logró sus mejores títulos en el campo de la comedia. Junto con El apartamento, Irma la Dulce y Uno, dos, tres, éste es uno de sus mejores y más memorables trabajos.
Chicago, años 20. Corren los años de la Ley Seca, cuando las bandas de gangsters trafican con alcohol destilado ilegalmente. Joe y Jerry son dos músicos de medio pelo que actúan en la orquesta de un club nocturno. Tras huir de una rodada en el local, ambos son testigos involuntarios de la célebre Matanza del Día de San Valentín, un tiroteo en un garaje. Deciden poner pies en polvorosa. Camuflados como mujeres, consiguen trabajo en una orquesta femenina que viaja en tren, con destino a Florida.
Con su colaborador habitual, I.A.L. Diamond, el propio Wilder escribió un guión modélico, con réplicas absolutamente geniales, como el célebre diálogo del "Nadie es perfecto", del final. Disecciona con mucha ironía el universo masculino visto a través de los ojos femeninos. Rica en situaciones desternillantes, la recreación de la década es perfecta. Destacan las interpretaciones de Lemmon, Curtis y Marilyn Monroe, que además interpreta temas tan conocidos como "I Wanna Be Loved By You" y "I'm Through With Love".
 
 
Marilyn canta
Y si alguien lo duda, no tiene más que echar un vistazo a esta larga lista de temas, incluidos en varias de sus películas. Niágara (1953): 'Kiss'. Los caballeros las prefieren rubias (1953): 'Two Little Girls from Little Rock', 'When Love Goes Wrong', 'Bye Bye Baby' y 'Diamonds Are a Girl's Best Friend'. Luces de candilejas (1954): 'After You Get What You Want You Don't Want It', 'Lazy'. Río sin retorno (1954); 'The River of No Return', 'One Silver Dollar'. Bus Stop (1956): 'That Old Black Magic'. El multimillonario (1960): 'My Heart belongs to Daddy'.
 
 Film nº 16 de Billy Wilder. Escriben el guión B. Wilder e Izzi A.L. Diamond. Se basa en el film alemán "Fanfarria de amor" (1951), escrito por Robert Thoeren y Michael Logan y dirigido por Kurt Hoffman. Se rueda en exteriores y escenarios reales de Coronado Beach y Hotel Coronado (LA) y en los platós de MGM Studios (Culver City) y Samuel Goldwyn/Warner Studios (Hollywood), con un presupuesto de 2,8 M dólares. Nominado a 6 Oscar, gana uno (vestuario). Producido por Wilder, se estrena el 29-III-1959 (EEUU).

La acción tiene lugar en Chicago (Illinois), Miami (Florida) y en el trayecto en tren entre ambas localidades, en 1929. Dos músicos de poca monta, Joe (Curtis) y Jerry (Lemmon), testigos involuntarios de la masacre del día de San Valentín (14-II-1929), se ven obligados a vestirse de mujer para poder optar al único trabajo que encuentran, el de saxofonista y contrabajista de una orquesta de señoritas, de la que forma parte como vocalista la guapa Sugar Kane (Marilyn).

El film es una gloriosa comedia, que suma elementos de farsa, crimen, música y romance. Considerada por algunos como la mejor comedia cinematográfica de todos los tiempos, es para muchos una de los mejores films americanos del género de la comedia. En todo caso se trata de una comedia inspirada, ocurrente, graciosa y divertidísima. Hace uso de parodias eficaces (cine de gángsters, Cary Grant...), farsas sin acritud, juegos de falsas identidades, confusiones de género, disfraces, peripecias y situaciones desternillantes, desventuras (pérdida del abrigo la víspera de un día de nieve), persecuciones alocadas, escenas ambiguas de un potente erotismo, atrevidos simbolismos sexuales disimulados para evitar problemas con la censura, lances de humor negro, malentendidos, paradojas (el calvario de dos hombres acalorados metidos entre señoritas sensacionales), etc.

El guión contiene diálogos brillantes, personajes bien definidos, una narración ágil y fluida y una historia oportuna. Las interpretaciones de Lemmon y Curtis son excelentes y la de Marilyn es sensacional (combina justamente inocencia, malicia y fragilidad). Ésta es posiblemente la mejor interpretación de Marilyn. La acción se desarrolla a un ritmo vertiginoso. Se incluyen referencias melómanas de la época (Rudy Vallee) y cinéfilas (Rodolfo Valentino). Incorpora constantes de Wilder: coches a la carrera, persecuciones de coches, disfraces, puros, encendedores. Ésta es la primera colaboración de Lemmon con Wilder y la segunda de Wilder con el guionista Diamond. Rinde homenaje a la escena del camarote de los Hermanos Marx ("Una noche en la Ópera").

La música, de Adolph Deutsch, ofrece cortes frestivos y bulliciosos, de entre los que destacan "Play It Again, Charlie" y "Tell The Whole Darn World". Añade 3 canciones a cargo de Marilyn y una versión instrumental de "La cumparsita". La fotografía, de Charles Lang, en B/N, subraya la ambientación de época y crea agudos lances de humor visual. La escena final es antológica.