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sábado, 23 de julio de 2011

Una mirada azul con algo más



Paul Newman encarna el siglo estadounidense y resume los mejores rasgos nacionales en un envoltorio práctico y atractivo" gracias a su trabajo como artista y su oficio, a su empuje para dirigir películas cuando sintió que podía aportar algo más como realizador, a su amor por las carreras automovilísticas -una afición en la que destacó pasado los cincuenta, cuando muchos pilotos llevan décadas retirados-, o su labor como filántropo, que dieron un valor añadido a su empresa de salsas, Newman's own.

La carrera de Newman comenzó en el instituto. Pequeño, delgado -fue de estirón tardío-, no destacó en el fútbol americano como hubiera querido y sí en clases de interpretación. Tras el paréntesis bélico, Newman retomó sus estudios universitarios en el Kenyon College, donde además de disfrutar de todo tipo de juergas y ser detenido en alguna ocasión, se licenció en Interpretación, aunque él prefiriera asegurar que se había graduado "Magna cum Lager". Allí debutó en un escenario encarnando a Hildy Johnson en Primera plana. Empezó a compaginar estudios con giras teatrales, éstas con su matrimonio con otra aspirante a actriz, Jacqueline Witte, a sus 24 años, y todo ello lo combinó en un cóctel profesional que le llevó a Nueva York y a la televisión. Y a la mítica escuela de interpretación Actors Studio, en el que en otro ejemplo de "suerte Newman" acompañó a una amiga a una prueba. A ella no la cogieron, y a él, que iba de paseo, sí. "Se equivocaron e interpretaron mi sincero espanto como una actuación sincera".

Joanne Woodward y él se conocieron en aquellos momentos, inicios de los años cincuenta, cuando Newman poseía un único traje, de mil rayas, con el que iba por las agencias. Aún no había destacado en Broadway con Picnic, ni rodado su debut en la pantalla, El cáliz de plata, de la que siempre renegó, ni había muerto su amigo James Dean -del que heredó el personaje de Rocky Graziano en Marcado por el odio-. Aunque ya estaba allí su magnetismo. De 1954 a 1960 pasó de promesa a estrella mundial, y durante las siguientes cuatro décadas nunca bajó el pistón, ni siquiera en 1978 con la muerte de su hijo mayor Scott por sobredosis accidental de alcohol y drogas.


Celoso de su intimidad, fue el primer famoso que usó constantemente gafas de sol, harto de que le pidieran que enseñara los ojos -de azul perfecto-. "No hay cosa que te haga sentir más como un objeto. Es como si uno se acerca a una mujer y le dice: 'Desabróchese la blusa, que quiero mirarle las tetas". Sin embargo, usó su fama para innumerables batallas políticas progresistas. Una de las grandes anécdotas de Hollywood -demasiado redonda para ser cierta- cuenta que Newman entró un día en un comedor de un estudio y pasó por la mesa donde almorzaba John Wayne. "Qué, Paul, ¿cómo va la revolución?", soltó con su voz atronadora. Newman sonríe y contesta: "¿Cómo vamos a ganar, Duke, teniéndote en el bando contrario?". Unos ideales mantenidos hasta el fin. "Me gustaría que en mi epitafio figurara que fui parte de mi época".




Paul Newman (Shaker Heights, Ohio, 1925-Westport, Connecticut, 2008) ha sido uno de los grandes iconos del cine. Según Shawn Levy, "probablemente no fue el mejor actor estadounidense, ni siquiera el mejor de su generación, pero, sin duda, fue el actor más estadounidense, el tipo cuyos papeles y persona mejor representaron el tenor de sus tiempos y de su gente".








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