Marilyn Monroe está más natural que nunca. Y tan bella y deseable como
siempre, -Niágara, Con faldas y a lo loco, Vidas rebeldes y tantas
otras-. Por Dios, qué mujer.
Laurence Olivier, que es un rey de un país imaginario y que vive rodeado
de lujos, pero que nunca se ha enamorado, conoce a la cantante corista,
Marilyn Monroe, la invita a cenar a su castillo y surge el amor entre
ambos. El problema es que él no está muy acostumbrado a expresar sus
sentimientos, pues se ha tomado muy en serio lo de dirigir los destinos
del mundo, y está demasiado preocupado por si estalla la Revolución, por
lo que ella en varios momentos de la película se sientre más atendida
por el hijo del rey, un chavalillo de 16 años, que es el regente, y que
pronto se convertirá en rey.
Y las 2 horas de la película consisten en ver a Marilyn haciendo
gamberradas en el castillo, las cuales atraen la atención primero y más
tarde excitan sobremanera a su rígido rey Laurence Olivier, aunque éste
tenga que guardar las apariencias durante toda la película antes los
centenares de sirvientes.
Pero eso sí, Marilyn llena completamente la película, con sus risitas,
sus borracheras, -papel que siempre borda Marilyn el de chica que ahoga
sus penas amorosas en alcohol, ver la prodigiosa Con faldas y a lo
loco-, sus besazos, sus reverencias, sus contestaciones cuando la habla
en idiomas que no conoce, sus conversaciones a solas diciéndose a sí
misma -Ten cuidado, no te enamores-, sus despedidas -hasta 4 veces es
invitada a abandonar el castillo, con lo cual el cuento de Cenicienta
parece terminar-.
Y ¿qué decir del final de la película?: ¿la admitirá el rey finalmente
como parte de su vida, o la abandonará tras el tórrido romance?. No soy
yo quien se lo cuente, pues la película merece, sin duda, ser vista.
Además la música del violinista detrás de la puerta y la de la Iglesia
de Notre Damme en la coronación de otro personaje de la película son
también muy bonitas.
Puro humor balcánico, diferente al humor inglés, -así describe ella a su
rey ante las amigas-; humor balcánico, que no volcánico, aunque la peli
sea un volcán en erupción. Cuanta pasión. Y que bien. Simplemente
perfecta.

| TÍTULO ORIGINAL |
The Prince and the Showgirl |
| AÑO |
1957 |
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| DIRECTOR |
Laurence Olivier |
| GUIÓN |
Terence Rattigan |
| MÚSICA |
Richard Addinsell |
| FOTOGRAFÍA |
Jack Cardiff |
| REPARTO |
Laurence Olivier, Marilyn Monroe, Sybil Thorndike, Richard Wattis, Jeremy Spenser, Esmond Knight, Maxine Audley, Jean Kent |
| PRODUCTORA |
Warner Bros. Pictures |
| PREMIOS |
1957: Premios David di Donatello: Plato dorado (Marilyn Monroe) |
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| SINOPSIS |
En 1911, embajadores de toda Europa acuden a Londres para
asistir a la coronación de George V y la reina María. Uno de estos
enviados pertenece a la embajada del reino de Carpatia y no es otro que
el propio regente del país, el Gran Duque Carlos. En su primera noche en
la capital británica, el Gran Duque decide visitar el Coconut, un
cabaret en el que actúa como corista la señorita Marina. |
| CRÍTICAS |
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La crítica predijo que Marilyn no estaría a la
altura del "rey de la escena" Olivier, pero el talento de la bella
actriz quedó patente con una interpretación en la que roba plano tras
plano al inglés con su asombrosa naturalidad. Una divertida comedia que,
quizá involuntariamente -conocido el ego del aquí director y actor-, se
convierte en un teatral y esplendoroso vehículo para lucimiento de la
Monroe. |